‘Twin Peaks’, mucho más que Laura Palmer

Laura Palmer, Twin Peaks

Entre marzo y agosto de 1988, durante 155 días, los guionistas afiliados a los dos mayores sindicatos del gremio en Estados Unidos estuvieron en huelga. Dicen que del aburrimiento de las ostras nacen las perlas, y algo así debió de suceder, porque de aquella huelga nació Twin Peaks. Bueno… de aquella huelga, y de la mente de David Lynch y Mark Frost, que no es moco de pavo. 23 años después de descubrir quién mató a Laura Palmer, Twin Peaks sigue siendo una joya televisiva vigente, con madera para marcar a los hijos de la generación que se adentró por vez primera en aquel pueblecito de Washington.

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That gum you like is going to come back in style

The Man from Another Place

Próxima estación: adiós

Duermes. Sospecho, claro, que es tu forma de huir. Huyes de esta historia que hace ya algún tiempo que nos abandonó, que nos dejó colgados, como si fuéramos dos coyotes fracasando en nuestra persecución del correcaminos, el cielo abierto a nuestros pies cuando creíamos pisar tierra firme. Tú lo viste antes, y por eso huyes, por eso te escondes, por eso duermes. Yo lo estoy descubriendo ahora, pero no quiero dormir. Claro que dormiría contigo, pero prefiero mirarte y guardar el sueño para cuando no estés. Prefiero mirarte. Tienes un cuerpo delicioso que echo de menos. Veo tus manos, únicas, polémicas, las mejores del mundo. Sueño con el momento en que vengan a buscarme. Se me detienen los ojos más de lo legal en tus muslos, en tu escote, en tu cadera. Recorro cada uno de los mechones que te tapan la cara, y miro a través de ellos para confirmar que, efectivamente, podría dibujar tus ojos de memoria, esos espejos en que llevo tanto viéndome. Escribo mentalmente letras de canciones al ritmo de tu respiración mientras maldigo al colchón por acogerte más de lo que jamás me dejarás volver a acogerte a mí. Cuento los centímetros que van desde tu brazo estirado hasta los dedos de tus pies, y me voy despidiendo de cada uno de ellos. Te intento mirar por dentro, pero sé que no quiero ver ya lo que hay allí…

A Argentina

Argentina

Argentina nunca espera.
Argentina es un asado a medio digerir.
Argentina se mueve al ritmo de su voz.
Argentina lanza un triple desde la otra orilla.
Argentina sabe más por diablo que por vieja.
Argentina es Maradona justo antes de ser Messi, justo antes de volver a ser Maradona.
Argentina es un aleph llamado San Telmo.
Argentina borra por la noche lo que dibuja por el día.
Argentina son unos brazos abiertos.
Argentina tira el Orsai a la de tres.
Argentina bebe mate con la bombilla fundida.
Argentina canta un tango con su pasado.
Argentina le habla a sus fantasmas al oído.
Argentina no necesita más que celeste y blanco.
Argentina sueña con una voluntad de fierro.
Argentina chuta siempre por la escuadra.
Argentina se escribe con K.
Argentina se pronuncia con se.
Argentina amanece en Puerto Madero y se acuesta en Corrientes.
Argentina es una habitación con vistas a otra.
Argentina es un chupetón que esconder.
Argentina invoca a Borges en el Ateneo.
Argentina pide tregua y baila catala.

‘The Fall’, cinco dosis de gran televisión

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Breve, intensa, bien escrita. Capitaneada por una inmensa Gillian Anderson, aderezada con el cautivador acento de Belfast. Capaz de darle una vuelta de tuerca al género serial killer sin tratar de reinventar la rueda, sin ponerse pomposa o académica. Tan sencilla como efectiva, tan inglesa como el té de las cinco. Así es la primera temporada de The Fall. Una buena inversión para tus próximas cinco horas libres.

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‘Breaking Bad’, buscando el aterrizaje perfecto

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Es bastante impactante revisionar el piloto de Breaking Bad. Sorprende encontrarse con un Walter White pusilánime, apocado, sometido. Objeto de las bromas de Hank, con dificultades para controlar a sus alumnos, pluriempleado y aún así incapaz de llegar holgadamente a final de mes. Allí donde lo dejamos, en el 5×08, a Walt ya no le tose nadie, y los que le tosen se van al hoyo. Es la piedra angular de un negocio que, según sus palabras, podría cotizar en el Nasdaq. Una evolución brutal en apenas un año. Una evolución cuya mejor baza nunca ha sido la espectacularidad de los saltos, sino la seguridad de los pasos. Poco a poco, capítulo a capítulo, hasta completar los 54 que llevamos vistos. A partir de mañana, con el 55º, pistoletazo de salida al principio del fin. Ocho episodios que aspiran a ser la guinda del pastel. ¿Lo conseguirás, Gilligan?

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Así se las hemos contado

Posiblemente tenga su punto desconsiderado, incluso insensible, pero uno siempre puede escudarse en la deformación profesional. El caso es que desde que el pasado día 24 se produjese el accidente del Alvia en Galicia no he podido dejar de escrutar el papel de los medios de comunicación en todo esto. Las televisiones, en primera instancia, que ya durante la noche del horrible descarrilamiento fueron duramente criticadas (con excepción, quizá, de la regional gallega, TVG, que incluso redujo a la mínima expresión su página web dejando únicamente un streaming de su directo: encomiable). Los medios online, como segundo plato, incapaces muchas veces de ir más allá del morbo. ¿Ejemplos? A patadas. De postre, el asqueroso comportamiento de algunos trabajadores de medios de comunicación, anteponiendo no ya la noticia sino el morbo y la lágrima fácil a algo tan básico como el respeto al duelo, la intimidad y esas cosas tan necesarias cuando uno o sus allegados están pasando por semejante trauma. En fin, la imagen habla por sí sola. El perfil del sujeto en cuestión (@KrlosMartinezTV), periodista de El programa de Ana Rosa para más señas, ya no existe.

Pasada una semana, es el momento de los medios impresos. Con los ánimos más templados y más tiempo para pensar, son los papeles quienes ahora llevan el peso informativo. Y hoy, posiblemente porque llevo casi una hora atascado en un aeropuerto gentileza de Iberia, me he fijado en sus portadas. Dicen mucho.

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Mourinho a medias (y II)

José Mourinho

[Viene de la primera parte]

Habíamos dejado a José Mourinho de rodillas, mirando el cielo de la noche madrileña, esa noche que ha inspirado a tantos. Su cuerpo celebra la tercera Copa de Europa del Inter, la primera en casi medio siglo, pero su vista ya está puesta en el banquillo del Santiago Bernabéu. En la rueda de prensa posterior al partido, el portugués habla abiertamente del interés del Real Madrid; Massimo Moratti, presidente interista, comenta que todavía hay una “pequeña oportunidad” de que el entrenador se quede. Es decir, que está decidido: Mourinho se va al Real Madrid. Sabe que si quiere coronarse como rey del mundo no hay mejor manera que brindarles a los blancos la décima Champions…

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Mourinho a medias (I)

José Mourinho

Se ha terminado la Liga y con ella se va también José Mourinho, el entrenador más famoso del deporte más seguido del planeta. En realidad no es que se vaya, más bien se trata de una salida forzada después de tres años en uno de los banquillos más complicados del mundo del fútbol: el del Real Madrid. Tres años con muchas victorias, tres temporadas atestadas de goles, pero tres ciclos sin títulos, o al menos sin la cantidad esperada. No soy de los que piensa que Mourinho ha fracasado en el Bernabéu, puesto que le ha tocado pelear contra un Barcelona estratosférico al que ha sido capaz de arañarle una Liga y una Copa; sí creo que Mourinho ha fracasado como Mourinho, por primera vez en su carrera. La apuesta del portugués es total, un doble o nada existencial que, año a año, club a club, le ha funcionado. Un all-in futbolístico y mediático que en Madrid ha hecho aguas. Un Mourinho a medias.

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