MG

5 de Septiembre
2008

Y hoy, Manolo

Manolo García

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AC

3 de Septiembre
2008

Y hoy, Andrés

Andrés Calamaro

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Nueva York

27 de Agosto
2008

Últimamente tengo claros cuáles son los países que quiero visitar. La lista no es muy larga, pero sí bastante ambiciosa: Japón, Nueva Zelanda, Islandia y Canadá. Las cuatro puntas del mundo, como quien dice… Estados Unidos estaba en un segundo plano, pero las circunstancias me han llevado allí este verano. No ha sido un viaje planeado con mucha antelación, como sí lo será el próximo (¿Islandia 2009?), pero la verdad es que nos hemos desenvuelto bastante bien. Sobre todo teniendo en cuenta que, a 48 horas de tomar el avión, no teníamos alojamiento en la Gran Manzana…

Marc y Dani en Nueva York

Pero como somos gente de recursos (oi, Marc?), lo solucionamos. A nuestra manera, pero lo solucionamos… Bueno, el caso es que con Marc pillamos la maleta y nos marcamos un atracón de vuelos: Barcelona-París-Boston, dos días en la capital de los Celtics, Boston-Nueva York, siete días en pleno Manhattan, Nueva York-Boston para cascarnos una mariscada histórica, y finalmente Boston-Amsterdam-Barcelona.

Boston es bonita, muy estética y cuidada. Una ciudad bastante europea, con sus casas antiguas (todo lo antiguas que pueden ser las cosas en USA), sus parquecitos, su pasión por el mar… Merece la pena dedicarle un par de días. Los campus de Harvard y del MIT son visita obligada, y supongo que aún más en septiembre-octubre, cuando el curso ya ha empezado. También la zona más cercana al puerto, con el Faneuil Hall y el Quincy Market, el parque Boston Common, o la siempre presente Little Italy, mucho más bonita que la de Nueva York. Casi obligatorio es pasarse por algún restaurante de los muchos que ofrecen seafood, es decir, marisco, y cascarse una señora langosta o, como en mi caso, un delicioso pastel de cangrejo. Tremendo…

Pero bueno, el plato fuerte del viaje no era ni la langosta ni Boston, sino Nueva York. Una ciudad a la que hay que ir, sin duda. ¿Qué tiene que la hace tan especial? Pues me pasa un poco como con Barcelona: que no lo tengo claro. Sé, por ejemplo, lo que me encanta de París: sus calles (desde los carteles hasta el diseño de los edificios, pasando por los adoquines), el olor que tiene por la mañana y la gente (sí, me gustan los franceses, qué le vamos a hacer…); con Nueva York no lo tengo claro. Quizá es la sensación de llevar dos días en la ciudad y sentirse casi-casi uno más, gracias a la gente, que es absolutamente educada y bastante acogedora, a la brillante disposición de las calles (yo tenía mis reticencias con eso de 42st St., 6th Av., etc, pero en menos de una semana ya sabes ubicarte perfectamente en una ciudad ocho veces mayor que Barcelona), a la tremenda multiculturalidad…

O quizá sea Central Park…

Central Park, versión selva

3,4 km2, con un lado largo de 4 km, 25 millones de visitantes al año, campos de beisbol, museos, estanques, enormes explanadas de cuidadísimo césped, castillos, Strawberry Fields…

Central Park, versión oooh, que bonito

Sorprende ver tanta naturaleza junta en medio del corazón del capitalismo, es realmente alucinante pensar cómo algo tan grande y jugoso permanece ajeno a la especulación inmobiliaria. Y se agradece, claro. Porque la sensación de meterse en mitad del parque y poder no oír ni ver coches y rascacielos es genial…

Imagine...

Más cositas, en breve:

  • Chinatown, y en especial Canal St., es espectacular de día. Supongo que es lo más parecido a un bazar turco que hay en los Estados Unidos…
  • La noche neoyorquina mola; más que por las discotecas (que a mí, limitado musicalmente, no me convencieron, aunque merece la pena conocer el percal), por el ambiente de pubs, de música en directo, de actuaciones…
  • …y es que de actuaciones saben un rato: en el metro, en un parque, en la calle, en el cumpleaños de una amiga, en cualquier sitio te puede saltar un americano con ganas de showtime, haciendo malabares, volteretas, ventrilocuismo, y siempre con una labia y un sentido del humor impresionantes… ¡puro showtime!
  • Tiendas, tiendas, tiendas… especial mención a los centros Apple, al Toys’r'us de Times Square y a la NBA Store
  • ¿Empire State Building o Top of the Rock? Top of the Rock, claramente; verás Central Park como nunca…
  • Ah, y se puede comer relativamente bien, sobre todo si te gustan las pizzas…

Escribir sobre Nueva York agota casi tanto como visitarla. Es una ciudad con montones de cosas sucediendo a la vez. Hay que ir a verla. Al menos una vez.

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NYC!

11 de Agosto
2008

New York

¡Hasta la vuelta!

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Más impaciencia…

5 de Agosto
2008

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Descubriéndose (IV)

25 de Julio
2008

Tú me recibes hablando con los ojos
Yo te escucho sin dejar ver que me derramo
Tú sonríes como antaño
Yo me obceco en controlar las distancias
Tú me robas la bicicleta con cara de niña mala
Yo…

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La caverna, Saramago

23 de Julio
2008

La caverna, de Jose Saramago

Ayer, por fin, acabé de leer La caverna. No es el mejor libro de Saramago, pero eso ya lo asumí hace tiempo. Creo que desde que cerré Ensayo sobre la ceguera supe que para leer algo tan grande tendría que volver a abrirlo. Pero La caverna no es un mal libro, ni mucho menos. Tiene todas las bondades y carencias de Saramago, lo cual ya justifica una lectura de casi 450 páginas.

Yo defenderé siempre a Saramago. Se puede decir, y se dice, que lo que cuenta en cuatro centenares de páginas lo puede contar en la mitad, y es cierto. Pero yo pienso que prefiero 200 hojas de paja, de buena paja saramaguiana, con sus refranes y sus reflexiones, que una historia directa. No es un escritor de acción, al fin y al cabo.

Se puede decir, y se dice, que sus personajes son demasiado sabios, y es cierto. Cipriano Algor, su hija Marta, Isaura Madruga, hasta el más gris Marcial Gacho o incluso el perro Encontrado son personajes absolutamente sabios. Saramago trata especialmente bien a sus mujeres, dotándolas de cualidades supremas como la inteligencia, la paciencia, la bondad… las dos de La caverna, Marta e Isaura, son claros ejemplos. ¿Personajes poco creíbles? No menos que cualquiera de casi cualquier otro libro. Lo de Saramago y sus criaturas es casi realismo mágico al nivel de la saga Buendía en Cien años de soledad, ese negro lunar en mi bibliografía…

Se puede decir, y se dice, que algunas obras del Nobel portugués son demasiado irregulares, inconstantes, y es cierto. La caverna alarga la introducción, aplazando el clímax del nudo hasta donde apenas nos queda sitio para el desenlace. Pero también es muy propio de Saramago, y muy respetable, dejar a sus personajes colgando. A los ciegos los dejamos con un mundo en reconstrucción que nunca sabremos cómo acaba; al club de la balsa de piedra los abandonamos cuando menos ganas teníamos; y lo mismo con esta peculiar familia de alfareros. También clama al cielo todo el espacio dedicado a describir las famosas seis figuras (juro haberlas visto ante mí, a veces en casa, a veces en el autobús… qué miedo el asirio de las barbas, leñe…), cuyo papel es equívoco; o el mismo perro Encontrado, cuya aparición parecía prometer más de lo que luego fue.

Se podrían lanzar muchas críticas, y probablemente estaría de acuerdo con todas. Pero leeré de nuevo La caverna dentro de algunos años, lo sé, y recomendaré leer a Saramago siempre. Me consuela saber que no todo es una buena historia, que la literatura no es un reloj suizo donde todo encaja milimétricamente, que una idea contada con mimo puede acariciar más los sentidos que decenas de giros y torceduras de guión.

Afortunadamente existen los libros. Podemos tenerlos olvidados en una estantería o en un baúl, dejarlos entregados al polvo o a las polillas, abandonarlos en la oscuridad de los sótanos, podemos no pasarles la vista por encima ni tocarlos durante años y años, pero a ellos no les importa, esperan tranquilamente, cerrados sobre sí mismos para que nada de lo que tienen dentro se pierda, el momento que siempre llega, ese día en el que nos preguntamos, Dónde estará aquel libro
Página 234 (de mi edición)

La caverna, de Jose Saramago

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