Blues en azul y grana

Noche de cuervos negros y águilas blancas en el Camp Nou. Noche de luna llena y saxo triste en Barcelona, de aquellas que apenas se recordaban, de aquellas que los culés más talluditos (en realidad no tanto) explicaban con detenimiento a los jóvenes y estos no comprendían. El Barça sostuvo la ida de estas semifinales con cuatro cañas que en la vuelta no han resistido al empuje de un Madrid espoleado por el toque de corneta de Cristiano Ronaldo, un jugador que no es el mejor del mundo, pero que sabe marcar el ritmo de los tambores para arrastrar a sus compañeros como casi nadie. Quitando el testimonial gol de Alba, el Barcelona apenas ha pinchado el globo que es la portería de los madrileños, foco de dolores de cabeza desde que Adán matase a Caín y éste luego se lesionase. Diego López ha tenido un partido muy plácido, y además ha sabido responder cuando Tello le ha exigido reflejos.

El Barça tropezó en Milán, dejando los octavos de Champions más cerca de San Siro que de Les Corts, y contra el eterno rival no ha hecho más que poner la otra mejilla, un gesto muy de Guardiola en la forma pero no en el fondo. Al exentrenador se encomienda hoy media parroquia culé, huérfana como está ya no solo del futuro inquilino del banquillo del Bayern sino de Tito Vilanova. El reto para Roura, parece, está siendo demasiado. O quizá los jugadores están acusando factores que se nos escapan. Porque ni la defensa ha sabido estar hoy a la altura (Piqué falla en el primero, Puyol en el segundo y Piqué de nuevo en el tercero), ni el mecanismo de relojería suiza de la medular y el ataque han podido asomar la cabeza. En parte parece debido a un bajón físico: esta noche los locales estaba constantemente en minoría cuando atacaban, y la mismo tiempo parecían incapaces de presionar la salida de balón del Madrid. Sin intensidad, sin agobios, el juego del Barça se resiente mucho. Hay también algo de apatía, de factor moral. Quizá por la situación de Vilanova, quizá por cosas que se nos escapan, el caso es que en ningún momento hemos visto actitud rebelde.

Los merengues han dinamitado la ya debilitada seguridad del Barça, un club con tendencia al pesimismo vital. La vuelta contra el Milan en Champions apunta a ser el tercer tiempo de estas dos serias derrotas a menos que haya una catarsis, también conocida como gran remuntada. Nadie duda de que este Barça es capaz de hacerlo, y sobre todo nadie debe olvidar esta noche que a final de temporada podemos estar celebrando la Liga y la Champions. La estrella de Messi, Iniesta, Xavi, Villa... no se apaga de la noche a la mañana.

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