Soy de esa clase de gente engendrada y nacida durante el mismo año, el 81 en mi caso. Jugué en Cáceres y empecé a pensar en Barcelona; luego le puse los cuernos con Madrid, una de esas ciudades de las que nunca terminas de irte del todo. Decidí ser periodista mientras iba de paquete en una moto, en París, en algún momento a principios de los 90, pero me di cuenta de la responsabilidad que suponía y me eché para atrás. A medias, claro. En mi foto de perfil hay un libro de Saramago que habla de ciegos, unas Orsai, las líquidas de Enric, cualquier cosa de Bryson y unas hojas manuscritas donde se intenta la alquimia de juntar a Millás y a Cortázar. La banda sonora la pone Sabina, o una canción indie que ilustra la última idea de Ted. El sol que entra ilumina un Tintín y seca una camiseta de Calvin. Es verano, o casi, y quedan horas de día por delante.