Lewis vs. Powell: los mejores saltos de la historia

La magia del atletismo radica en lo sencillo de su propuesta: quién corre más rápido, quién salta más alto, quién lanza más fuerte. Es el viejo lema de los Juegos Olímpicos, el citius, altius, fortius latino. Es un ser humano contra otros seres humanos, incluido él mismo, sin artificios de por medio. Esa sencillez, entre otras cosas, fue lo que convirtió en histórica la tarde del 30 de agosto de 1991...

Tokyo, Japón. Mundiales de atletismo. Concurso de salto de longitud. Traducido: quién salta más lejos. Tan sencillo, y tan complicado a la vez, pues la disciplina lleva casi 23 años dominada por lo que ya es prácticamente un fantasma. Bob Beamon y su estratosférico salto de 8.90, ejecutado en la confortable altura de Ciudad de México durante los Juegos Olímpicos del 68, martillean una y otra vez las cabezas de varias generaciones de atletas. Es una marca que no se batirá hasta el año 2000, dicen algunos expertos. Otros, sin embargo, tienen fe ciega en un norteamericano de 30 años nacido en Alabama llamado Carl Lewis y apodado El Hijo del Viento. No es para menos: Lewis lleva 10 años sin perder un solo concurso de salto de longitud, en