'Twin Peaks', mucho más que Laura Palmer

Entre marzo y agosto de 1988, durante 155 días, los guionistas afiliados a los dos mayores sindicatos del gremio en Estados Unidos estuvieron en huelga. Dicen que del aburrimiento de las ostras nacen las perlas, y algo así debió de suceder, porque de aquel parón nació Twin Peaks. Bueno... de aquel parón, y de la mente de David Lynch y Mark Frost, que no es moco de pavo. 23 años después de descubrir quién mató a Laura Palmer, Twin Peaks sigue siendo una joya televisiva vigente, con madera para marcar a los hijos de la generación que se adentró por vez primera en aquel pueblecito de Washington.

Si eres de los que no has visto Twin Peaks, ponte a ello. No son palabras de un nostálgico noventero, o de un fan recurrente que la ha visionado decenas de veces, o de un acérrimo defensor de Lynch o de Frost, no. En realidad vi la serie hace poco más de un año, absolutamente fuera de su contexto histórico, y aún así os aseguro que se pueden reconocer en ella las huellas que la han convertido en una de las principales matriarcas de la maravillosa hornada de series que florecieron con el cambio de milenio. Dicho de otra manera: Twin Peaks no es "¿Quién mató a Laura Palmer?"; es mucho más que eso.

La improbable mezcla de géneros (se mueve a caballo entre el drama, el surrealismo, el terror, el suspense y el thriller) hace de la serie una píldora a veces complicada de digerir. Sin ir más lejos, cada episodio está introducido por un discurso de La Señora del Leño, un personaje que hubiera hecho las delicias de Dalí. Asimismo, algunas de las escenas más míticas o recurrentes siguen siendo hoy en día objeto de debate. ¿Pretendían engancharnos o espantarnos con la escena del sueño de Cooper? ¿Qué significado tenía ese tremendo semáforo, una de mis debilidades? No, Twin Peaks no es una serie cómoda en más de una ocasión. Pero consigue meternos el gusanillo en el cuerpo... y no hablo, repito, de saber quién mató a Laura Palmer. Hablo de saber qué engranajes mueven ese pueblo dejado de la mano de Dios.

Así concibieron en primera instancia Lynch y Frost la serie, como la historia de un pueblo y sus habitantes, tranquilos en apariencia aunque con un lado personal oculto. Al diseñar el pueblo pensaron en una chica, en una doble vida, en su cadáver escupido por el lago. Llamaron a la puerta de ABC, que encargó un episodio piloto, y el resto ya es historia. Bueno, en realidad todavía faltaba una pieza: Angelo Badalamenti. Twin Peaks no sería lo mismo sin su música. La intro de la serie es una maravilla, así como la versión de la misma cantada por Julee Cruise, pero el trabajo de Badalamenti fue tan brillante como consistente, creando una banda sonora que refuerza cada momento, cada personaje, prácticamente cada escena. La carga simbólica de la música de Twin Peaks apenas tiene comparación.

Pero si algo ha quedado grabado a fuego en las mentes de quienes hemos visto Twin Peaks son, sin duda, sus personajes, empezando por nuestro cicerone particular: el agente Dale B. Cooper, un maravilloso Kyle MacLachlan (Sexo en Nueva York, Mujeres desesperadas) en un papel envuelto para regalo. Cooper es el enviado del FBI para investigar la muerte de Laura Palmer, y será a través de sus ojos que conozcamos los recovecos del pueblecito de Washington. De paso, descubriremos su culto al café, su extravagante manera de trabajar, sus devaneos amorosos y, cómo no, su peculiar relación con Diane.

Junto a Cooper desfila el resto de personajes, habitantes de un pueblo digno del mejor Cuerda en los momentos más desenfadados, y de Stephen King en los más tétricos. Algunos, incluso, fruto de la mayor de las improvisaciones. Es el caso de BOB, interpretado por un montador de escena, Frank Silva, que llamó la atención de Lynch en dos ocasiones. La primera, al recibir el aviso de una mujer del rodaje, que le advirtió del peligro de quedarse encerrado en una habitación mientras movía unos muebles. Lynch oyó la frase e imaginó a Silva atrapado realmente en la habitación. Actor ocasional, Silva accedió a grabar una escena en la que se le veía agachado tras una cama, un fragmento que Lynch no sabía ni siquiera dónde colocar... pero que quiso igualmente rodar por la fuerza que le transmitía. Al poco, grabando una secuencia completamente diferente, Lynch y su equipo se dieron cuenta de que la imagen de Silva aparecía reflejada en un espejo por error. La casualidad pudo con la planificación y Lynch decidió incluir a Silva en la serie, dando pie al personaje de BOB, y con él a algunas de las imágenes más inquietantes de la serie.

Red Room - Twin Peaks

No busquéis comodidad en Twin Peaks, no la hay. La primera bofetada llegará con el cadáver, exquisito, de la joven Palmer; para cuando os deis cuenta os encontraréis metidos en una sala zigzagueante, acompañados de un enano que habla raro, intentando descifrar diálogos ininteligibles sobre un suelo mareante aderezado con luces estroboscópicas. En más de un momento os encontraréis perdidos, incluso asfixiados por Twin Peaks y sus gentes; no desfallezcáis. Es lo que le pasó a más de uno durante la emisión de la serie en ABC. 34 millones de personas vivieron el debut, pero a finales de la primera temporada solamente la mitad resistían. La cadena presionó a Lynch y Frost para que despejasen la incógnita, para que desenmascarasen al asesino. Mi consejo es que tengáis paciencia: el camino es lo que cuenta.

Quizá la prueba más irrefutable de la ascendencia de Twin Peaks sean dos parodias que sacan lo mejor de ella. La primera corresponde a un episodio de The Simpsons, con el jefe Wiggum en el papel de Cooper y Lisa dando vida a The Man from another Place. La segunda, a Muchachada Nui: Leoncio, el león del Tour ganado por Perico Delgado, ha sido encontrado muerto, y Miguelón Induráin Cooper llega para investigar. Y ahora que habéis llegado aquí, soltad lo que tengáis entre manos e id a visitar, o revisitar, la onírica e imprescindible Twin Peaks.

[Artículo publicado originalmente en el número 10 de la Revista UnBreak]

1 comment

  1. Lau 28 marzo, 2014 at 10:11 Responder

    Qué recuerdos. Es una gran serie, muy cierto. El agente Cooper es genial, y la banda sonora una pasada pero ¿la señora del leño? ¡Qué pesada! No tenía sentido alguno. Aunque de seguro el que más ansiedad me ha generado y más odio le tengo es enano de los sueños. Qué ascazo por dios!! Y tu venga a repetir la escena jajajaja

    ¡Muaaakk!

Dejar una respuesta